Corría muy agitadamente por la calle, parecía no tener rumbo. Nadie podría decir que tenía un destino fijo. Su chaqueta color esperanza parecía un vaivén en su andanza. Doblo en la esquina del bar y se choco con su destino. El arco que tenia el frente marcaba ser el inicio de sus necesidades. Se tomo de valor e ingreso... nadie parecía notar su presencia. La tempestad de gente que andaba en ese lugar era infinita nadie podía importarle lo que el otro hacia, cada uno vivía su mundo y contaba sus historias.
Parado al pie de la puerta miraba muy sigilosamente lo que ocurría en ese lugar, el gran movimiento, y el susurro de todos los que estaban le parecía casi extraño para el. A su espalda ingreso una mujer, que aspiraba unos chinos, donde la marca no importa solo la sensación de libertad que este te trae. Su falda larga, con unos papeles en la mano, su bolso de donde salía un girasol que parecía recién sacado del jardín de las bondades y felicidades. Tomo sus cosas, se abrió paso entre la gente buscando la ventana que era lo que más le gustaba de ese lugar. Se sentó en la mesa de siempre, acomodo sus cosas en la silla que tenía al frente y pidió un tarro de cerveza, más un café bien caliente.
El muchacho miro con bastante emoción lo que había hecho la mujer que entro atrás de el, casi la admiro por la actitud que tenia, decidida y fuerte, algo que el no tenia o que mejor aun había perdido con el paso del tiempo. Tomo un tiempo mas y se abalanzo contra la barra, se sentó; llamo al cantinero y pido un Milk in the rock. El cantinero un ducho en las practicas de ahogar males y penas de gente que jamás volvería a ver, le agrego un poco de ginebra para que la sequía que pasaba el muchacho lo dejara avanzar mas rápido.
En ese instante se detuvo una vagoneta en la puerta del local... que solo fue notada por la muchacha que estaba en la ventana, de ahí bajo un chico delgado, de mediana estatura con un corte de pelo que hacia que le tapara los ojos, vestía unos jeans gastados y un polo ajeado. En sus ojos se veía insatisfacción, intranquilidad, desesperación y pena. Cuanto puede decir una mirada se decía la chica del bar.
El famélico invasor ingreso mirando el suelo con un libro en la mano. A la chica de la ventana le llamo mucha la atención el ingreso del nuevo visitante, así pues le alzo la mano para que este se le acercara a su mesa, el ni se inmuto por tal gesto; solo veía con mucha atención al anciano que escribía al medio del bar.
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