En ese bar solo se respiraba amargura y pena, la chica de la esquina junto a la ventana mirando a la calle, pero en realidad mirando a la nada con su cigarrillo en la mano fumaba como se consumen las penas en la soledad; al otro lado en viejo tanguero con su saco negro no dejaba de menear la cabeza de un lado a otro reprochándose de que el pudo hacer algo mas. En la barra en cantinero secaba los vasos con un estropajo de las esperanzas perdidas y la letenidad de sus movimientos no dejaba entrever ninguno anuncio de que fuera hacer algo distinto en los próximos minutos.
La chica seguía mirando la calle, esperando encontrar en ella el resumen de todo lo que había sucedido; aun afuera estaba esa vagoneta en la que llego, pero nadie supo si era su medio de transporte o su casa. El iracundo silencio podía destruir los nervios de cualquiera que se acercara en ese momento, nadie pensó que tal hecho los arrastraría a todos juntos.
Una vez mas las puertas del bar se azotaron, tan fuerte que detono todo el silencio imperante, en la arco de las despedidas estaba un muchacho de tez oscura con un terno que dejaba ver el paso de sus años. Con un cajón comenzó a tocar al ritmo que la casona lo pedía, nadie en el bar decía nada, nadie se quejo, nada paso. El muchacho seguía con sus minuciosos armónicos tambaleando el cajón, y el sonido hacia que el lugar se sintiera mas sobrio de lo que ya estaba, el tanguero se paro y se acomodo su bufanda, se coloco su sombrero… con un pasos gallardos se fue acercando lentamente a donde el muchacho estaba, se puso delante del cajonero y empozo a adornar esos rítmicos ecos con su voz al tono de cambalache; en ese momento la mujer de la ventana noto que el bar había un poco menos de gente desde que sucedió todo, pero no pudo ocultar su extrañeza, al ver que el viejo de la mesa del centro seguía escribiendo, como llevando la cuenta de todo lo sucedido, lo miro fijamente y le paso la voz, el sonido que hacia su garganta era carrasposa, el anciano no hacia ni mueca de que la oyera.
Luego de un buen rato de alaridos el escribano levanto la cabeza; la miro y le dio una sonrisa tierna, acomodo su cuaderno de apuntes y siguió escribiendo lo que estaba sucediendo cuando se rompió la punta del lápiz.
domingo, 28 de septiembre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
Introspectiva... Espero que halla alguien

Tengo varias días sin dormir y me pregunto si las cosas son así de complejas como las quiero ver o como me las ponen… no logro entender aun el mensaje de la mesa, no logro entender que las cosas pasan tan rápido, creo que espere mucho para lo sucedido y al final todo paso desapercibido… imagino si lo mismo le paso a Ann en Mi vida sin Mi, de pensar que ya todo se acababa cuando encontró el rastro de cómo dejar para siempre su fiel reflejo en el aire.
Tus debilidades son como las nuestras son exactamente lo que tenemos a nuestro alrededor, queramos o no ser conscientes de ello. La distancia entre tu historia y la vida cotidiana que todos conocemos es mínima. Precisamente de la misma manera nos reconocemos nosotros en lo que esta pasando. Todos, de algún modo, hemos sido heridos. No llegamos a ver a ninguno en su hogar, pero somos conscientes de su destino de una forma distinta a la que podamos imaginar.
Ja, ja, ja… La comida, el placer de cocinar y del buen comer (cuando se presenta la ocasión), es uno de los temas recurrentes en ti. Otro de ellos es la broma, hacer chistes, porque en un momento dado no se puede hacer otra cosa. Ambos cosas nos recuerdan que, a pesar de todo, se debe considerar la vida como un regalo.
Tampoco se trata del culto al dolor, sino de cómo, en ocasiones, el sufrimiento conduce a una salvación compartida. Nada sencillo lo entiendes. Nada es simplista. Nada de ser un alpinchista . hay que ponernos metafísicos y esas cosas. Hay que ser ancestrales (no se que quiero decir con eso
La necesidad de afecto y amor parece definirse en que eres demasiado vieja para morir joven, y ni se te ocurra que el dolor provoca el abandono de la persona amada. Por eso recuerda que siempre debes de dejar todo atado y bien atado antes de irte de este mundo. De esta manera todo te recordaran y sabrás que realmente exististe aunque no te veas sabiendo que lo saben.
Que cojuda que eres, no pierdas en tiempo en lamentaciones en zigzaguear en el trémulo de cosas banales y utópicas; déjate llevar… siempre dices eso que debemos dejarnos llevar por donde viento nos lleva, pero al final terminas pegada a la regla, …al margen a esa maldita forma de saber que tu no eres la persona mas apropiada, que tu no eras la indicada… a la mierda todo, tu siempre dices eso pero al final no haces nada de ello… que chucha te pasa dime… dale con la misma cantaleta de siempre. Puta madre entiende, por madonna santa entiende, que vales mucho y no me jodas con lo mismo de siempre, ya tengo suficiente con aguantar a estas dos más para también aguantarte a ti…
Yo no me voy a detener a analizar la circunstancia personal de dolor y redención, de miradas y caricias siempre sugeridas, de oír y escuchar, de hablar y entender a veces, de desencuentros (o no), de amor furtivo, de lo que cuesta querer...
Es como si te gustara que la lluvia cayera sobre tus hombros, pero en este momento no te gusta nada y te molesta, por las heridas, por los recuerdos.
No te das cuenta que siempre crees estar enferma y deseas poder recuperarte, pero como te vas a recuperar de algo que no existe; que todo es una invención dentro de ti... todo es por el miedo; este miedo que nos hace pensar en todo es difícil. Ver de acá para adelante todo vendrá como una ola. Y que ira creciendo como nuestro miedo ante lo que vendrá después de todo lo sucedido, de esos momentos dolorosos, sentir todo se acelera como un huracán que no lo podemos detener pero...
Pero no te das cuenta de que nos cansamos de llorar, que sentimos que esa luz agoniza dentro de nosotras por ti, pero no te has preguntado que no queremos eso, que deseamos salir, desde acá lo intentamos y no logras entenderlo... vivimos en nuestra guerra interna en luchar entre nosotras, saber que un día de estos se habrá apagado la luz y las semillas del alma se esfumaran en el aire nadie sabrá lo que paso
Alto... deténgase, por favor deténgase no los quiero oír, yo no las deseo oir.
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cuatro personas en una,
tragedia
domingo, 14 de septiembre de 2008
Mamá de Paula

Llevaba todas las desgracias cosidas en el bajo de la falda, por eso solo bailaba de noche. Estaba casada cuando la conocí. Una de esas cosas que pasan, según me dijo. No le gustaba la lluvia ni los días soleados, a decir verdad no le gustaba nada. Estaba sentada en la barra y el tiempo corría igual para todos aunque parecía tenerle apego a ella.
Le pregunte si era a mi quien realmente estaba esperando. Dijo "Veamos lo que sabes hacer y; mas vale que no seas una falsa alarma"… solo atine a mostrar un sonrisa. De todas las noches que andaba en ese lugar solo atinaba a tomar una cerveza, mirar a la gente pasear e irme. Listo eso era suficiente para mí. Pero desde que la vi, debo decir que me dejo con curiosidad de gato.
Al tercer día que la vi, me preguntó si notaba como los días se estaban ensañando en ella. Le dije que no. Claro que era mentira lo que respondí, pues no te pones a agitar el agua cuando uno ya está hundido hasta el cuello. Me ponía los ojos de frente. Que dicha la de ella de tener esos ojos de gata, me clavaba esos ojos desde la primera vez que conversamos. Era una puñalada de frente.
Atrás de nosotros estaba una muchacha que ensañó su mirada a nosotros desde que converse con ella la primera vez. De eso no me había percatado, fue ella que me hizo notar la presencia de esta mujer. Dijo; no te asuste, ni salgas corriendo pero si miras detrás de tus hombros te darás cuenta que una mujer te acosa con la mirada desde que conversamos. Le respondí; asustarme porque una mujer me mira. No creo que eso sea suficiente para asustarme, mas bien me debería sentir alagado que una mujer me mire. Ella volvió a sonreír. Es que no sabes quien es que te mira… sabes a pesar de la cara de pillo que tienes no sabes mucho de lo que hay a tu alrededor… eres un nene.
No importaba lo que me había dicho, yo estaba enganchado con ella… y digamos que me comió con sus historias. La cuarta noche que nos vimos apenas se me senté y dijo; Alguien allá arriba se las ha ensañado conmigo y Dios sabe que he hecho lo que se ha podido. Esa frase asusta… pareciera que ese es tu rollo conmigo asustarme y no hablarte mas. No lo se dijo, solo que sabes mi historia es muy gruesa. Sabes lo que es estar con un hombre día y noche y tener solo una hora para ti. Sujeto su bolso y saco un libro, lo coloco encima de la mesa. Pregunto lo has leído. Le dije no. Esta tipa escribe exactamente lo que me paso. Tenía una hija y ella murió cuando aun era niña. Y también se llamaba como el titulo de este libro; Paula.
Desde el primer momento en que converse con ella todos estos días nunca la vi tan triste como cuando me hablo de su hija. Que manera de describir ese dolor que siente de haberla perdido. Siempre paraba cabizbaja con la mente metida en mil líos creo, pero la verdad que esa mujer valía, más de lo que ella creia.
domingo, 7 de septiembre de 2008
¿Travesía?

Era un pasadizo algo largo, a los costados se distinguían varias puertas cada una colocada en forma de zigzag con referencia a la anterior. Poca importancia le pude dar a esos detalles. El piso de parquet muy lustrado y limpio. Tan brilloso estaba el piso que uno podía reflejarse en el. Los harapos que llevaba podían distinguir un desgaste físico; rotoso, sudoroso, cansado era lo que sentía y veía. Pienso que era mayor mi cansancio mental. No tuve mas remedio que dejar desplazar mi cuerpo por ese pasillo, que era angosto similar a los caminos de herradura, pero en vez de encontrar alrededor basta vegetación y paz; solo se veía enormes muros de concreto con puertas de acabados simples y mundanos. Ahí cada una tenía una particularidad. En la cerradura de cada una de ellas tenia injustrada una llave de la cual colgaba una letra, como si fuera un llavero que al parecer decía una frase pero la cual no pude descifrar. Todas las puertas tenían las mismas características, todas de color dorado. Con una letra en la puerta. Todas eran idénticas con excepción de una. La que se encontraba delante mío. A varios metros de distancia donde me encontraba. El enorme peso del cansancio que tenia a duras penas me hacia que mi cuerpo se moviera. Me sentía como si llevara un colchón de piedras en la espalda. Cuando andaba por ese pasadizo eran muy fuerte mis ganas de llegar a esa puerta al frente mío. Tenía una enorme curiosidad. De pronto me doy cuenta que tenia una bala injustrada en mi pierna izquierda. No veía sangre, ni rastro alguno que aquel orificio me podía ocasionar algún otro malestar. Pero me dolía. Cuanto mas me acercaba a la puerta aumentaba el dolor, no había forma de evitarlo, pero yo deseaba llegar a ese punto. Era muy fuerte esa sensación que me decía que ahí estaba bien llegar. El corazón comenzó a latir más fuerte. Una especia de taquicardia era la sensación que tenia. Mi cuerpo no aguanto más y tropecé. Caído ahí en el suelo pensé en no levantarme y quedarme tirado, a solo unos cuantos pasos mas para llegar a la puerta de enfrente. Me puse de pie y avance rápidamente hasta ese arco de madera. Me apoye al marco y te vi sentada en medio de una enorme habitación. Estabas callada, diría que pensativa pero no lo puedo asegurar. Me sorprendí nuevamente al verte. Tú ni te inmutaste al verme, te quedaste en la silla con la misma expresión. El dolor que sentía en la pierna se había puesto duro y despiadado, al punto que vi morada toda mi extremidad; desapareció. Me acerque, te llame. Y mirándome murmuraste un: Hola. Ahí yo sorprendido aun te dije: Que pasa Chiquilla. Me estas oyendo. Un silencio realmente atroz, destructivo y violento sacudió la habitación por un pequeño momento pero en realidad fue mas largo que lo que el tiempo marco. Hasta que se rompió el silencio con tus palabras. Con una mirada de tristeza decías: no te dije acaso que los ángeles también necesitan ayuda. Me desperté
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