Días antes de la prueba, Regina Solís me anunció que estaba embarazada y que yo era el responsable del lió. Estábamos en un supermercado, en la sección de congelados. Los dos vestíamos pantalones cortos y poleras. El frió del hielo humeante me paralizó. Pensé: esto es grave y es solemne, y debería sentir algún grado de emoción. Pero solo atine a decir: Espero que esto no afecte mi puntaje.
Regina no era exactamente mi novia. Era, más bien, mi amiga con ventaja. Durante los seis meses de preparación para el examen no deje de estar con ella. Florencia me enseñaba muchas cosas. Veía las cosas de otro modo y eso me gustaba. Me hacia sentir mayor, con experiencia, a cargo. Eso valía.
- ¿Quieres que nos casemos?. Puede ser. No me asusta. Igual pasamos todos los días juntos
- No, me respondió con voz calmada. Jamás me casaría contigo. Cumplí quince la semana pasada. No me voy a casar a los quince.
- ¿Por qué no?
- Porque uno a los quince esta preocupada de ir a bailar y de los galanes de la tele y de llenar diarios de vida. Hacer eso slams
- A ti no te interesan esas cosas, le dije
- Ya, pero igual tengo quince. Además no me quieres
- Oye, te quiero. O sea, si… siento cosas por ti
- ¿Cosas?
- Si, cosas. Regina detuvo el carro y me miro fijo a los ojos, sin pestañear.
- Crees que me quieres pero a lo más te gusto. Estas conmigo porque el sexo es fácil y bueno y porque no te jodo.
- ¿Y tu?
- Yo que
- Me quieres. Intente tomarle la mano, pero no me dejo
- No seas cursi, Fernando no te viene
- Dime
- ¿Qué?
- Tú sabes
- Es que mi idea es conocer más hombres. Ya. Fuiste el primero. Estuviste bien. Te tengo cariño y un poco de pena.
- ¿Pena?
- Si, pena. No es mal sentimiento
- No te casarías conmigo, entonces?
- No creo en el matrimonio
- ¿Como que no vas a crees en el matrimonio?
- Me parece una institución insostenible
- Regina, tienes quince
- ¿Y por eso tengo que se huevona?
- No, pero…
- No soy como mi hermana, ya? Mi meta por ahora es tener un chinito cerca
- Yo no soy tu chinito
- Si sé. Además porque tanto alboroto con el tema de la edad. ¿Tu acaso tienes cuarenta y dos?. Mentalmente los hombres son diez años menores que las mujeres. Así que mas te vale que te calles. Florencia extrajo dos cajas de helado y los puso en el carro. Cerca de nosotros se detuvo un hombre mayor con un niño de unos tres años. El niño estaba sentado en el carro y comía un dulce. Su boca estaba llena de chocolate derretido, lo mismo que su ropa y sus manos.
- Mira tu madre, Fernando. Mira a la mía. Ahí tienes dos ejemplos. ¿Para que nos vamos a casar? Para estar juntos y criar un niño. Para que el no sufra lo que hemos sufrido.
- Yo no he sufrido tanto, no exageres Seguimos por los pasillos. Regina era joven pero hablaba como adulta y leía como vieja. En la sección de galletas me dijo:
- Debí haber ido al ginecólogo de mi hermana. Mi padre me lo alerto esa vez que nos sorprendió en su cama. ¿Te acuerdas?
Regina era la única hermana de Claudia. La conocí en su casa. Claudia invito a un par de compañeros a estudiar. Entre ellos a Rodrigo Soler y yo. Claudia era divertida e intranquila para todo, la daba mucho movimiento a su vida diríamos. Le gustaba el periodismo, pero se conformaba con la publicidad o pedagogía. Siempre llegaba a clases con revistas de moda. Claudia en rigor siempre estaba a la moda. Esa tarde recuerdo que Claudia termino encerrándose en un cuarto con Rodrigo Soler. Florencia tomo te conmigo. Vimos un rato de televisión. Florencia me contó de su vida en otros países. No parecía una chica de catorce años.
- ¿Entonces que vamos hacer? Le pregunte. Yo te puedo ayudar a cuidarlo
- ¿Cuidar que?
- A nuestro hijo
- No seas cursi, Fernando. Sabes que tolero todo menos la cursilería
Regina no era fea. Era distinta. Nunca había estado con una mujer distinta. Yo pensaba que todas eran exactamente iguales. Regina usaba unos lentes gruesos. El cabello corto a la altura del cuello hecha de rizos. Florencia una vez me dijo que yo era creyente al que solo le faltaba la fe. Nunca nadie me había dicho algo tan bonito. ¿Cómo no la iba a querer? ¿Pero eso era querer? Regina perdió la virginidad conmigo, pero no su inocencia. Esa la perdió años atrás. En ese aspecto éramos opuestos, ella sabía mucho mas que yo. Regina me despejaba y a la vez me concentraba. Lo hacíamos en su casa, casi todas las tardes, mientras escuchábamos discos de jazz. Regina me enseñaba vocabulario y desarrollábamos facsímiles de la maldita prueba. El padre de ella llegaba de madrugada. Claudia a veces no se aparecía hasta el día siguiente.
- Entonces - Entonces ¿Qué?. Ya tome una decisión, y punto no me puedo ir a estudiar a Francia con un crió - ¿Y yo? - ¿Té que? - Lo que opino yo - Estas un poco grande. Fernando, para de comportarte como un pendejo. De verdad crees que hay otra solución. Tengo quince, por la mierda. Quince. En serio piensas que voy a tener un bebe que no quiero solo para que no te sientas mal. No crees que espantoso. Y estamos un poco grandes para eso. - No se, Regina - Eses es tu problema. Nunca sabes nada. Nunca vez lo que hay que ver. Lo captas.
domingo, 2 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario