domingo, 23 de noviembre de 2008

Anexo

Podemos memorizar muchas cosas, imágenes, melodías, nociones, argumentaciones o poemas, pero hay dos cosas que no podemos memorizar: el dolor y el placer. Podemos a lo más tener el recuerdo de esas sensaciones, pero no las sensaciones del recuerdo. Si nos fuera posible revivir el placer que nos procuró una mujer o el dolor que nos causó el dar a luz, nuestra vida se volvería imposible. En el primer caso se convertiría en una repetición, en el segundo en una tortura. Una tortura que solo una mujer puede recordar. Pero esa tortura que podemos llamar es la final el acto mas hermoso que se puede recordar. El dolor no lo haremos parte de nuestra memoria pero sí el ver a mi bebe nacer.

Claro pues; pero el ser humano es el unico ser vivo que busca a veces su propia autodestruccion; ya sea de forma paulatina o entera. Como dirian en otro contexto de un “tiron”. Pero ahí esta la frágil memoria. Que solo recuerda los hechos que nosotros deseamos que sean guardados. Las cosas que no queremos que se olviden. A veces nos preguntamos o expresamos la frase; pero si lo recordaba tan nitidamente o lo tengo en la punta de la lengua. Son dos expresiones tan nítidas de la fuerza independiente de la memoria. Si no nos acordamos de ese hecho es por la razón tan simple de que quizás no sea tan necesario o tan importante como lo pensamos en ese momento. Ahora es cuando la memoria nos ampara y cuida de nosotros de solo recordar lo que la verdad vale la pena recordar, lo demas lo dejamos para el resto o simplemente desaparece.

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