Había perdido sus ojos. Su mirada ya no decía lo que sentía. Los celestialmente pardos no indicaban lo que quería decir. Ya no se podía leer "Mira en mis ojos lo que te amo". Trato desafortunadamente de mirarla mil veces pero ella no se inmuto por nada de lo que veía, los ojos de ella, lo miraban pero no decían lo que el quería. Eso fue lo peor para el. Nunca se acerco más de lo que debía. Nunca dejo una carta diciendo lo que sentía. Nunca demostró su sentimiento.
Pero el siempre estaba ahí, solo para mirarla aunque ella, no lo miraba como se mirar a los hombres enamorados
Por eso es que tenía esa mirada de soledad y vació. Nadie sabía eso. Su libro en la mano era su cabecera para manejarse. Había leído muchos textos pero siempre llevaba ese en la mano. Entro al lugar porque solo quería sentirse solo en una multitud de susurros, pares, nones, arsenal de medias alegrías y centenares de tarros con historias.
Su historia puede parecer conocida, hasta redundante pero no era así. El tipo tenía aspecto de ser igual a todos los flacos de la calle. En realidad había algo en el que dejaba entrever otras cosas. No daba la impresión de tener algo. Parecía normal, aunque este mal decirlo, pero así era. El libro que estaba entre sus manos dejaba entrever una frase fulminante: “No arruines lo mejor que tienes en la vida por sentirte inseguro”. Ese al parecer era su conflicto.
Sus amores y melancolías se basaban en esa frase. Siempre supo lo que era amar. Se lo demostraron desde muy chico. Dio todo por hacer las cosas bien pero eso no le basto. Perdió por lo que mas esfuerzo lucho. Ahora que ya se acabo su sed de beber, espera que alguien le enseñe de nuevo a tomar las alegrías, los amores, las felicidades porque el puede enseñar el resto de amarguras y tristezas, por las que tanto a sufrido. El puede explicar como el corazón late pero no se siente. Como cada golpe cardiaco que daba era como una amenaza de muerte dentro de el, que mientras mas fuerte sonaba, sabia que mas duro seria su dolor.
Pareció sentirse atraído por el anciano de la mesa del centro, pues sabia que el estaba en la misma historia que el. Se acerco hacia el, con la ansiedad de quizás contarle todo su historia, de decirle que amaba, que sabia lo que era amar pero que nunca supo lo que era ser amado. Quería descubrir su alma en ese momento. Que alguien pudiera descifrarlo, pues el ya lo intento y no pudo lograrlo.
domingo, 16 de noviembre de 2008
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