domingo, 31 de agosto de 2008

...A veces... (historia de madres)


A veces, no encontramos las palabras necesarias para expresar lo que sentimos. La intensidad de una emoción puede dejarnos vacíos a la hora de contar lo que deseamos expresar. No importa cuan precisa haya sido antes nuestra facilidad de palabra, en los momentos en que necesitamos para usarla de la mejor manera se nos traba la lengua y solo resumimos el sentimiento de cariño con decir: Te Quiero.

Quizás muchas veces no demostramos de lo que queremos darte y nuestra inefable forma de ser destruye, con una vana señal; un cariño que en nosotros haz forjado; así es…

Lloramos, gritamos, renegamos y requintamos, siempre maltratando con nuestra viboresca lengua lo que de reojo nos duele haber dicho porque la palabra es más fuerte que un acto. En esos momentos nos detenemos y pensamos que lo hicimos mal y que hay que arreglar lo hecho, sacar de la valija los recuerdos contigo vividos, es ahí cuando el corazón golpea tan fuerte que la lágrima comienza a recorrer por nuestros rostros y en nuestra mente comienza la larga enormidad de imágenes de nuestro pasado…


Y luego de recordar todos esos momentos gratos contigo vivimos; damos revista a como solucionar esas fechorías que te hicimos, las cosas que dijimos y contamos. Ahora solo nos sirve recordar a nuestro amigo Oscar Wilde diciendo: “No tiene el mundo flor en la tierra alguna, ni el mar en ninguna bahía perla tal, como un niño en el regazo de su madre”

En ese momento nos toca nuevamente el corazón, golpeo nuevamente, un golpe duro y directo que ya nos inicia a hacer el dibujo mas lindo que nos recuerde, a pintar las tazas con puntos de colores, cada uno por las alegrías que pasamos juntos. Haciendo ese barquito de papel donde el Almirante eres tu; y nosotros tus marineros que seguimos tus ordenes de amor y dulzura que nos das.

El corazón de la madre es el único capital
del sentimiento que nunca quiebra, y con el
cual se puede contar siempre y en todo tiempo
con toda seguridad. ---Montegazza---

Repasamos las paginas amarillas del primer libro que coloreamos y ahí esta siempre sujetada de nuestra mano la tuya que nos guió por la franja correcta, que nos enseño a tomar las decisiones acertadas pero que a veces nuestro espíritu joven y alocado nos impide a escuchar cada uno de esos consejos y relatos que nos diste.

Y así podremos recordar cada paso contigo, relacionando cada objeto que hay a nuestro alrededor pues cada unos de ellos tiene una historia de amor, una historia donde tu pusiste la tinta y nosotros la pluma, cada uno la escribió a su manera, cada una la puso con sus comas y tildes, cada una hizo que sus hazañas fueran mejor escritas, al final todos sabemos que no importa la pluma que escriba, porque lo que se escribe es de la mejor tinta que tenemos.

Y no necesitamos fechas especiales para decírtelo que te amamos y que te queremos; mucho mas de lo que nuestros corazones puedan darte. Cada latido lleva una marca; la tuya es la mas fuerte.

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