
Desnuda como el día se plantó ante el viejo. Éste, impresionado tanto por la belleza de la mujer como por su actitud, quedó indeciso. Lo primero que hizo temblorosamente fue tocar su seno con una de sus manos. Luego, llevado por las prisas ante el regalo inesperado que tenía delante, se puso nervioso y no supo si desnudarse o abalanzarse en directo sobre aquel cuerpo tentador. Ella, desnuda, sin pudor alguno, con las piernas ligeramente abiertas y los brazos en jarras, mostrando ostentosamente la gravidez atrayente de su pecho y el pelo rizado de su pubis le espetó con dureza:- Ven aquí y veamos, viejo, lo que sabes hacer. Si me complaces puede que te lleve conmigo.

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