domingo, 1 de marzo de 2009

¿Corazones son? ... Chirrrinnn Chirrriinnnn...

Corazones. Pintaba corazones con un bolígrafo bajo el sol de la tarde. Aquello fue sin duda lo que más me llamó la atención cuando vi por primera vez a aquella chica sin nombre.

“Todos tenemos aficiones -pensé-. Algunos hacemos fotografías en nuestro tiempo libre, otras personas construyen casas de muñecas y también las que cultivan flores. Bajo ese punto de vista, dibujar corazones no parece una cosa tan rara después de todo”.

Sin embargo, porque ponerse a dibujar… ¿por qué precisamente corazones? Tal vez la razón más lógica sería pensar que aquella chica estaba enamorada de alguien, pero… ¿por qué no buscarle una explicación más enrevesada a las cosas? ¿No es siempre más divertido así? ¿Qué otras razones pueden llevar a alguien a dibujar corazones bajo un sol abrasador?

Lo primero que se me vino a la cabeza es que tal vez fuera cardióloga y estuviera documentando algún trabajo sobre los efectos del calor en el aparato circulatorio, pero si te fijabas un poco en el reverso de la carpeta que estaba utilizando a modo de improvisado lienzo eran los típicos corazones redondeados, con dos lóbulos superiores y acabados en pico en su parte inferior, así que parece que el tema no iba sobre medicina porque este órgano vital de los seres humanos es bastante menos glamouroso visto al natural.

Podría ser que fuera pintora, pero en ese caso ¿por qué no dibujar un gato por ejemplo? Al fin y al cabo en aquel lugar había decenas de gatos, bueno, y también flores, nubes, playas, personas y montañas; así que por falta de elementos para elegir como modelo no sería. Siguiendo el mismo razonamiento no había ningún corazón por ahí cerca posando con su mejor sonrisa; ni siquiera uno de esos cursilones que vemos en el dia de los enamorados que te acogen con los brazos abiertos, de modo que deseché también la teoría del retrato.

¿Y si era diseñadora y estaba haciendo un boceto de la próxima colección de complementos para primavera? Ágata Ruíz de la Prada concibe todos sus productos a base de corazones rodeados de grandes flores pintadas en vivos colores y le va bastante bien. Puede que esa chica estuviera trazando los rasgos de un bolso que veríamos en los locales más lujosos de Marbella dentro de unos meses, pero se supone que una diseñadora elegiría una mesa de dibujo perfectamente calibrada o un iMac último modelo para hacer algo así; además de que su actitud despreocupada hacía ver que tampoco es que se le fuera la vida en aquella tarea.

Se me agotaban las posibilidades; mi imaginación no daba mucho más de si: no parecían existir más motivos para dibujar una colección de corazones en el reverso de una carpeta aparte del hecho de estar colada por alguien. Sin embargo mi inquieta mente decía a gritos que después de haber tergiversado y tirado a la basura tres teorías diferentes no podía irme a casa con aquella duda existencial.

Di unos pasos, me coloqué frente a ella con el sol a la espalda y cuando levantó la vista del cartón sus cejas se arquearon debido al exceso de luz trazando decenas de minúsculas arrugas en torno a sus ojos. Se puso la mano izquierda a modo de visera y en ese momento mi silueta a contraluz dijo:

-Perdona, ¿son corazones eso que dibujas?

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