Imito a Gardel desde que lo descubrió. Digamos que fue con un amor de padre. Tomaba sus seis cervezas diariamente. Desde las 6 hasta las mil horas. Cantaba todos los días su Cambalache, pero no imagino que esta vez la tonada seria con una nostalgia que ni el mismo lo pensaban.
Fue el único de todos los presentes que siempre se acercaba al viejo a convérsale. El decía que siempre hablaban de Gardel, el Tango, los regimenes fachistas y su sueño de sacar un disco. Eso era lo que decía el. Pero una conversación era de a dos. Y en la mesa solo se le veía parlotear al apócrifo argentino.
Cuando sucedieron los hechos ese día, el botero ni se acerco al anciano cuando debía de hacerlo como todos los días. Pero el también pensaba que el anciano pudo hacer algo en ese momento.
Ahora de pie cantando, al ritmo de un cajón se escucho decir: Señor es la primera vez que oigo un tango al ritmo de un cajón - decía el milkshero de la barra. El cantinero solo atino a seguir sobando suavemente un vaso con la tela húmeda que llevaba en la mano al ritmo del lugar.
Hasta que se escucho un fuerte azote contra la mesa, se rompió la tensa calma que había y el anciano se paro diciendo...
domingo, 14 de diciembre de 2008
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